Los viejos, cuando toman el sol, piensan en la primavera.
Madrid es grande, grande de gentes, las hay de todos tipos, pobres, raros, viejos, felices, sin corazón, hombres y mujeres. Todo está muy bien en Madrid, y también muy mal.
Hoy es invierno, ayer, no recuerdo, pero sé que hoy es invierno, casi año viejo, tal vez sea Navidad. Es una mujer cuyo corazón aun late en su pecho, es cierto que ya con menor brío, que sus pulsaciones son más lentas, mas hace tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Es invierno, este año no hace mucho frío en la capital, pero Madrid sigue tomando el sol ajeno a sus barrios pobres, que también lo toman.
Esta mañana ha sacado su silla, la abuela casi no puede con ella, y con un gran esfuerzo la ha sacado de la casa, camina enlutada y encorvada arrastrándola por la acera su silla de madera y mimbre ¡Qué sillas más incómodas! ¡Cómo roen los huesos los mal tallados palos! Ella no conoce las sillas blandas, ni los sofás de esponjas, ni los respaldos de terciopelo está encorvada, no de sus sillas, se sienta poco, aunque ya casi no hace nada y le dicen que se quede en la cama para no estorbar, está encorvada de tanto trabajar y luchar en su vida.
Hace un poco de viento en el barrio, ella lo siente en los huesos, y arrastra su silla hacia un rincón que hacen dos casas de la calle. Se sienta apoyando primero su mano en el respaldo de la silla y luego en los bordes del asiento, sus reflejos no son los de antes y tiene mucho cuidado en sentarse bien para no caerse.
Su ser mira hacia el sol de la mañana que va templando el ambiente, luego baja la cabeza, cubierta por un paño negro y deja caer sus manos sobre el regazo ¡Dios! Que manos tiene la abuela, toda la piel está arrugada, manos grandes y rugosas de mil siglos y mil guerras y otras mil paces, son manos que nos dan respeto, vida, alma, corazón.
Está ella sola, allí, sobre su silla de la esquina de las dos casas, tomando el sol de la mañana de invierno. ¿Qué pensarán los viejos cuando toman el sol? o ¿es que no piensan nada?. No, sino pensaran nada ya estarían muertos.
Aquí en la esquina tengo el calorcito del sol y no soy una carga para nadie ¿Por qué están tan solos los viejos? Parece un adorno más de la calle y no ¡No lo puede ser!
-Se va a morir de un día a otro no se sabe lo que se dice o es que no se siente lo que se piensa, tiene derecho a la vida, pero a ese extraño ¡ Qué le importa su vida! Se va a morir y el seguirá tal cual. ¡No tienen sentimientos, humanidad, no sé que, pero no lo tienen!
Los niños juegan en la calle y sin querer le han dado con el balón en la cabeza, ella llora despacio, los niños recogen el balón de los pies de la silla y sacándole la lengua siguen jugando en la calle, ahora a perseguirse detrás de los coches aparcados en la acera, unos quemados o sin motor, o sin las ruedas que robaron ayer. Y un ser querido piensa en sus nietos que hace mas de un año que no ve y que fueron los que le rompieron su lampara nueva, pero que le pagaron con muchos besos. En ellos piensa muchas veces. No está tan sola, porque está con ellos y cada vez mes una carta que le lee su hijo soltero le dice de ellos tres, de sus tres nietos. ¡ Como desea volver a verlos
No habla, no dice nada, es muy callada, siempre le han dicho que no debe hablar cuando lleguen visitas y la sientan en un rincón , con su silla. ¡Siempre está en los rincones ¡
Ya no se sientan a su lado a pedirle consejos o a escucharla hablar, ella ha pasado el umbral de la Navidad, y ni el estío, ni la primavera, ni el invierno joven quieren estar a su lado. Solo, solo Enero se ríe y la mira con curiosidad cuando hace sonar un sonajero , pues ya febrero le dice : ¡mamá, es el coco!.
Hay nubes, el sol se esconde y sale y hace frío ahora cuando no da el sol. Se levanta con mucho cuidado, coge su silla, y la lleva arrastrando hacia la casa del barrio pobre, con muchísima tranquilidad como si tuviera miedo de romper aquel objeto que siempre ha sido suyo, lento, muy lento se va escondiendo en la casa, ya no tiene prisa por correr, ya ha conseguido sus metas, ahora va despacio afrontando y ordenando su . ¿su vida? ¿sus recuerdos?. Los viejos cuando toman el sol piensan en la primavera.
Hoy es invierno, ayer, no recuerdo, pero sé que hoy es invierno, casi año viejo, tal vez sea Navidad. Es una mujer cuyo corazón aun late en su pecho, es cierto que ya con menor brío, que sus pulsaciones son más lentas, mas hace tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Es invierno, este año no hace mucho frío en la capital, pero Madrid sigue tomando el sol ajeno a sus barrios pobres, que también lo toman.
Esta mañana ha sacado su silla, la abuela casi no puede con ella, y con un gran esfuerzo la ha sacado de la casa, camina enlutada y encorvada arrastrándola por la acera su silla de madera y mimbre ¡Qué sillas más incómodas! ¡Cómo roen los huesos los mal tallados palos! Ella no conoce las sillas blandas, ni los sofás de esponjas, ni los respaldos de terciopelo está encorvada, no de sus sillas, se sienta poco, aunque ya casi no hace nada y le dicen que se quede en la cama para no estorbar, está encorvada de tanto trabajar y luchar en su vida.
Hace un poco de viento en el barrio, ella lo siente en los huesos, y arrastra su silla hacia un rincón que hacen dos casas de la calle. Se sienta apoyando primero su mano en el respaldo de la silla y luego en los bordes del asiento, sus reflejos no son los de antes y tiene mucho cuidado en sentarse bien para no caerse.
Su ser mira hacia el sol de la mañana que va templando el ambiente, luego baja la cabeza, cubierta por un paño negro y deja caer sus manos sobre el regazo ¡Dios! Que manos tiene la abuela, toda la piel está arrugada, manos grandes y rugosas de mil siglos y mil guerras y otras mil paces, son manos que nos dan respeto, vida, alma, corazón.
Está ella sola, allí, sobre su silla de la esquina de las dos casas, tomando el sol de la mañana de invierno. ¿Qué pensarán los viejos cuando toman el sol? o ¿es que no piensan nada?. No, sino pensaran nada ya estarían muertos.
Aquí en la esquina tengo el calorcito del sol y no soy una carga para nadie ¿Por qué están tan solos los viejos? Parece un adorno más de la calle y no ¡No lo puede ser!
-Se va a morir de un día a otro no se sabe lo que se dice o es que no se siente lo que se piensa, tiene derecho a la vida, pero a ese extraño ¡ Qué le importa su vida! Se va a morir y el seguirá tal cual. ¡No tienen sentimientos, humanidad, no sé que, pero no lo tienen!
Los niños juegan en la calle y sin querer le han dado con el balón en la cabeza, ella llora despacio, los niños recogen el balón de los pies de la silla y sacándole la lengua siguen jugando en la calle, ahora a perseguirse detrás de los coches aparcados en la acera, unos quemados o sin motor, o sin las ruedas que robaron ayer. Y un ser querido piensa en sus nietos que hace mas de un año que no ve y que fueron los que le rompieron su lampara nueva, pero que le pagaron con muchos besos. En ellos piensa muchas veces. No está tan sola, porque está con ellos y cada vez mes una carta que le lee su hijo soltero le dice de ellos tres, de sus tres nietos. ¡ Como desea volver a verlos
No habla, no dice nada, es muy callada, siempre le han dicho que no debe hablar cuando lleguen visitas y la sientan en un rincón , con su silla. ¡Siempre está en los rincones ¡
Ya no se sientan a su lado a pedirle consejos o a escucharla hablar, ella ha pasado el umbral de la Navidad, y ni el estío, ni la primavera, ni el invierno joven quieren estar a su lado. Solo, solo Enero se ríe y la mira con curiosidad cuando hace sonar un sonajero , pues ya febrero le dice : ¡mamá, es el coco!.
Hay nubes, el sol se esconde y sale y hace frío ahora cuando no da el sol. Se levanta con mucho cuidado, coge su silla, y la lleva arrastrando hacia la casa del barrio pobre, con muchísima tranquilidad como si tuviera miedo de romper aquel objeto que siempre ha sido suyo, lento, muy lento se va escondiendo en la casa, ya no tiene prisa por correr, ya ha conseguido sus metas, ahora va despacio afrontando y ordenando su . ¿su vida? ¿sus recuerdos?. Los viejos cuando toman el sol piensan en la primavera.
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